Hace unos 5,5 millones de años, la crisis salina del Mesiniense transformĂł el MediterrĂĄneo en un paisaje casi seco, permitiendo que la fauna circulara entre Europa y Ăfrica. Cuando el mar regresĂł, Cerdeña quedĂł aislada, convirtiĂ©ndose en un laboratorio natural de evoluciĂłn. AllĂ surgieron ecosistemas Ășnicos, con especies como la musaraña gigante Asoriculus, la pica sarda Prolagus sardus o el pequeño bĂłvido Nesogoral, adaptadas a un entorno insular lleno de depredadores como la veloz hiena Chasmoporthetes. Con el tiempo, nuevas especies llegaron y otras evolucionaron, dando lugar a faunas sucesivas marcadas por el gigantismo insular. Sin embargo, la llegada del ser humano hace unos 10.000 años cambiĂł este equilibrio: la caza, la deforestaciĂłn y la introducciĂłn de especies invasoras provocaron extinciones en cadena. Hoy, apenas queda un superviviente de aquel mundo perdido: el murciĂ©lago orejudo sardo, testigo de una historia evolutiva fascinante.