Mucha magia potagia, pero el papa no es Rosalía. Aznar no, nunca guarda duelo. Fue subirse Prevost al avión y retumbar los disparos: queda solemnemente reinaugurada la cacería. Feijóo y la Ayusina me aúllan devorando el cadáver insepulto ¿de Abascal?, ¡no, de El Guapo! Para Génova, España es la caldera ardiente de la M-30: guardiaciviles ajustando cuentas. Pero para el Santo Padre Madrid fue un mero trámite de secano, el aperitivo de Barcelona y de Arguineguín. El Sumo Pontífice six-seven afinó exterminando las tinieblas con el hechizo Disney, el sortilegio místico, alquímico, olímpico de la Sagrada Familia, faro del Mediterráneo, torre de Jesucristo, 14 ministros agustinos y socialistas de última generación. Los campanarios catalanes celestiales tocan a sangre por la imposible salvación eterna de la capital del reino. El que pueda rezar, que rece.
En el PPPV se echa de menos una democracia cristiana vaticana de tapas y sacristía. Juanfran Pérez Llorca —faena fuig— no, no es Paco Martínez Soria. Tampoco Mompó ni Catalá. El president es el destilado de Rita, el caloret y el Espíritu Santo del pare Camps. Juanfran, un president designado por Mazón —sí, Rovira “la izquierda con su campañita”— y los Rolex de Zaplana, el ángel de la guarda de Susana Camarero. El JuanFranquismo es el elenismo Borbón en estado puro: la Cosa Nostra, el macarrismo siciliano del tráfico de rosarios bendecidos. Mazón se desentendió. Dio la orden a los suyos de escampar. El barro arrastra a la cárcel la cabeza congelada de Salomé en bandeja de plata. Barcala torea a la jueza de Les Naus.
La página de la izquierda. Todo bajo ningún control, sopa de siglas o Mónica Oltra. Pilar Bernabé resucita. Diana Morant ya ha vuelto del futuro. Ahora falta el pequeño detalle de que se quede a hacer la paella. Letizia, blanco nuclear republicano. Leonor y Sofía son Bad Bunny. Ja estem en Fogueres.