Julia de Paz dirige "La buena hija", que se estrena este viernes, después de años de conversaciones con profesionales y víctimas relacionadas con los puntos de encuentro, los lugares donde los padres acusados de maltrato se reúnen con sus hijos. Son espacios protocolarios, infrafinanciados, sobre los que se sabe poco y se puede hablar mucho: los personajes están sumidos en un "ahogo institucional" en palabras de Nacho Carretero, que también hunde al espectador. La película de Julia de Paz no subraya la violencia, y se acerca a esta realidad desde la honestidad y el respeto. El personaje del padre, intrepretado por Julián Villagrán, es pintor, un artista a quien su hija admira: ¿cómo hablar mal de él? ¿Cómo reconciliarse con la idea de que, a pesar del afecto que siente por él, es una persona violenta que ha maltratado a su madre y la está tratando mal a ella? "No puedo juzgar al personaje porque entonces me voy al cliché", dice Julia de Paz. Pero también señala la luminosidad que contiene la película a través de las amigas y la abuela (Petra Martínez). Cuenta que, en sus conversaciones con víctimas, muchas le repitieron una frase que también dice Carmela (interpretada por una gran debutante: Kiara Arancibia, que parece madurar de la niñez a la edad adulta en los 148 minutos que dura la película): "yo no quiero ser como él. Estos niños conviven con un estigma tremendo, pero con un buen acompañamiento se puede conseguir que no se repitan los patrones de maltrato."