Aunque en términos administrativos, un hermano es un pariente de segundo grado de consanguinidad, cuando la vida es generosa, ningún vínculo es más primario que el que se tiene con un hermano: "compartes con ellos la patria, que es la infancia." Y, sin embargo, preparando "La última noche con mi hermano", el dramaturgo y director del Centro Dramático Nacional, Alfredo Sanzol, se dio cuenta de que el duelo por la muerte de un hermano "es el menos acompañado socialmente", como si no nos diéramos cuenta de cómo, en la muerte de un hermano, una parte fundamental de nosotros muere también. En su última obra, Sanzol explora vínculos entre hermanos muy distintos: los que son íntimos desde pequeños, los que se dejan de hablar por razones que se remontan a décadas atrás y los que se convierten en hermanos a fuerza de convivir, estrechando los lazos de afecto. La obra da también para reflexionar sobre la enfermedad, sobre la catársis, sobre por qué surge el humor y el absurdo cuando menos se lo espera, sobre el papel que ejerce en la familia una tía soltera y sobre por qué tantos chicos jóvenes se sienten expulsados del feminismo.