Hubiera sido tremendamente injusto que el Valencia perdiera ayer contra el Deportivo Alavés. Sobre todo porque, tanto en la primera parte como en la segunda, tuvo fútbol. Llegó con facilidad a tres cuartos de campo, gracias a ese trivote Guido-Guerra-Ugrinic que funciona y gracias a la movilidad y la facilidad para desbordar de Ramazani. El arreón final, con mucha gente ofensiva en el campo, premió la valentía de Corberán y el alma del Valencia, que tuvo que remontar dos veces un partido complejo. Estos seis puntos contra Osasuna y Alavés eliminan mucha angustia. Y eso ya es mucho decir a falta de once partidos estando como estaba la temporada. Ya habrá tiempo de analizar. Hoy todavía nos queda el dulce regusto de ver a Mestalla disfrutando, abrazándose bajo la lluvia, celebrando una victoria épica y muy necesaria. Ver a Mestalla así de feliz lo compensa casi todo.